Nada es más...

La última canción

Su fantasma se yergue más abajo de mi cintura, me penetra con su frío metálico. Atraviesa mi boca una lengua incandescente y me voy hundiendo en el silencio nocturno. Mientras las ráfagas saladas azotan las venas, arrancas mi carne a mordiscos. Me sueltas entre las bestias, y ahí estoy desnuda, congelada, con la boca rota y sin poder pronunciar una palabra en mi defensa.

4 malabaristas:

[/arturo] dijo...

Uno se acostumbra, al leerte, al difuso presente de tu soledad.

Suerte.

Amalia dijo...

Yo aún no me acostumbro, es extraño...
Tras la ficción persiste la rareza de esos personajes a través de los cuales se sustrae mi presencia, ¿qué sé yo?

saludos

Coctelmarx dijo...

Esos fantasmas se representan en lo disminuido que ha quedado el amor en los modernos.
Ahora no es una conexión, un Eros impulsor del conocimiento, es una sombra, un fantasma una "hipótesis". No es anormal entonces que tras el paso de esa hipótesis que no tiene nada que ver con la armonía y si mucho con el caos de las pasiones, que quedemos tras su marcha a merced de bestias, no hay defensa contra nuestra eterna enemiga, la realidad. Entonces hoy con razón el Que sais-je? suena más armonioso y musical que la misma Marsellesa.


“¿Qué se yo? era el lema de Montaigne
Y también de los primeros académicos
Que es dudoso lo que el hombre pueda alcanzar
Era una de sus posiciones preferidas

Sabemos tan poco de lo que hacemos
en este mundo que dudo que dudar sea dudar”

(Lord Byron , Don Juan)

Amalia dijo...

Sí, Coc, es el legado de Alcibíades.
Y a veces es la lucha con las bestias lo que motiva el amor, una furia inextinguible que desdibuja el conocimiento y nos deja perplejos ante el devenir de la realidad, que siempre gana, como un fantasma que no puede ser expulsado...
abrazo