Mientras escribo surge una digresión, como un adolescente que acaba de dar con su maestro y le pregunta ¿qué es la vida? Quizá lo más interesante no es la tesis, sino qué lleva a preguntarse esto. Por eso comienzo con una revisión de los motivos: la primera creencia consiste en pensar que se escribe porque se tiene algo que decir. Esto no me parece falaz; sin embargo muchas veces plasmamos en el papel ideas que aun no han surgido, penetramos un mundo que hasta el mismo momento de escribir permanecía oculto. Por otra parte depositar en la voluntad el consiguiente discurso no me parece lo más adecuado. Por lo tanto, propongo mi segundo hallazgo: escribimos porque no tenemos nada que decir, no obstante, algo nos mueve a hacerlo y esto podría ser un sentimiento de permanencia en la comunidad, de la cual tenemos efectiva incertidumbre. Pero es demasiado apresurado hacer tal aseveración, quizá la exigencia de la presencia extraña mueva a las palabras, tal vez porque soy destino de un don que se hace en la presencia y debo retribuir en demasía lo que me es entregado.
Lanzo a modo de provocación ese "escribimos porque no tenemos nada que decir", quien se planta ante el papel en blanco con las ideas claras sólo hace un mapa de su recorrido, y surgen quienes quieren adentrarse en la personalidad del autor. La autoría es el demonio que lleva el homo faber.
Como propuesta: escribir es afirmar nuestros gustos, es re-inventar el mundo que se sustrae, bajo nuevas miradas. De ahí que todo relato contiene un elemento ficticio que es propio de la originalidad de la experiencia. Movimiento siempre inconcluso y vacío por la pregunta que conlleva. Pregunta que se cuestiona el ser de quien escribe, lo pone en juego, lo apuesta con todas las posibilidades de perderse.
A menudo se piensa que escribimos para ordenar ideas, desencadenarlas, darles permanencia con el fin inesperado de que muten en un momento posterior a la escritura. Pero así como el mundo es movimiento perenne, la escritura no es un veneno que surte efecto tras beberse, sino el roce con el líquido que nos es dado desde una distancia irremisible con las cosas.
Escribiendo marcamos los límites que quiebran la continuidad de los sucesos. Escritura y discontinuidad son los referentes de que lo previsto suele ser una ilusión que sólo manifiesta el encierro de la imaginación.
Ahora bien, qué adviene en esa discontinuidad; son los esbozos de cómo decidimos vivir o al menos de cómo no vamos a vivir. De ahí que la escisión es propia del oficio de la escritura, esta se relaciona con la decisión de tal manera que escindimos nuestro mismo yo de los acontecimientos. Reconstruimos lo que se inscribe en nuestros cuerpos. Por lo tanto, nada de lo que podamos tener claro es más que aquellos datos que nos proporciona la experiencia de la escritura.



9 que sufren vértigo:
Hola Amalia:
Es Freud quién dice que el artista –pintor, escritor, escultor, etc.- es originariamente un hombre que se aparta de la realidad porque no puede transigir con el imperativo de renunciar a la satisfacción instintiva – libido reprimida que produce agresión, deseos narcisistas, sobredimensionados deseos de control de los propios impulsos y emociones, de buen funcionamiento psíquico o de ser querido y apreciado, hasta deseos más patológicos de cumplir con ideales de perfección física, mental o moral, de ser objeto de admiración sin límite o de tener un control total sobre sí mismo o sobre los demás- tal como se da primariamente; y que luego, “en la vida de la fantasía, da rienda suelta a sus deseos eróticos y ambición”.
Dice en otra parte que los poetas son soñadores que tienen consideraciones sociales. Qué, en vez de intentar modificar su carácter neurótico y sus complejas psicopatías, perpetúa y, más encima, ¡publica sus fantasías!
Escribir es libre expresión. Por muy subjetiva que sea es expresión en libertad. El expresivismo subjetivista ha funcionado siempre, sin excluir sus componentes narcisistas y otras taras “freudianas”, como ideología de autoexaltación del artista de hoy y de todos los tiempos; que vive de una obra que ha entrado en el mundo de la oferta y la demanda. Es la nematología más similar a la obra firmada por un autor cualquiera. “Lo que yo he pretendido al crear esta obra —suele decir el artista— es poner fuera lo que llevo dentro, dar a luz mi propia personalidad, expresarme a mí mismo sin trabas de ninguna especie”.
¿Qué hubiera pensado el Sr. Freud de la blogesfera?
Gracias irreverente por tu comentario. Lo que intento expresar en este escrito (y no sé si lo hago claramente) es que hay una escritura que no busca expresar ese interior, sino que, a la manera de un papel teatral, es ella lo que te escribe. Ya no es la lógica del autor que expresa sus sentimientos, sino del que reencarna las palabras, muchas ya dichas. las palabras te dicen, se siguen con libre asociación, te guían, te provocan emociones...
Ahí se podría hacer una conexión con el retorno de la interpretación, con le origen y la originalidad. (Me encantaría hablar de Nietzsche, pero mi ignorancia no me lo permite, te dejo el enlace).
En cuanto a la escisión que implica la escritura, el "yo" que escribe se experimenta en el movimiento del obrar, como otro. De ahí la posibilidad de cavar en el interior de un mí mismo del que tomamos distancia.
No sé si eso es una evasión de la neurosis y otras patologías, pero me parece que en ser uno y otro está la paradoja. El yo paradójico, es el espacio del secreto y de lo siniestro. Según Freud, lo siniestro corresponde a lo que está próximo y familiar, que nos es develado, no obstante debía permanecer oculto. Pero ya me he alejado demasiado...
No se trata de indagar en las profundidades, sino de captar al vuelo los rasgos de ese objeto que nos es más cercano y por lo mismo tan lejano (cuando es mediado por las leyes, de todo tipo, médicas, filosóficas, judiciales, etc.).
¿Qué habría pensado Freud de la blogosfera? Vaya, no lo sé, pero me atrevo a lanzar un disparate como: la blogosfera es la esfera de la ansiedad de lo próximo e inalcanzable.
saludos
espero que perdonen la repetición del verbo expresar ¡qué vergüeeeenza!
es el eterno retorno que me sume en su jugada
Sí, sí, eso de que se escribe para expresarse es algo un poco inaclarado. ¿Qué es, pues, la susodicha expresión?
Tiembla, llueve, retumba. Escribir es como algo así: un impersonal.
abrazo
¿qué es expresarse? uff da para mucho, pero creo que hay dos interpretaciones, ambas son las que intento poner en cuestión...
una corresponde a la noción de "sacar del interior", la otra hace referencia a la experiencia y se comprende mejor como periplo, viaje. La diferencia radica en que en la primera hay una primacía del "yo" como una cápsula, la segunda entiende el "yo" como un proceso. Expresión parece implicar estas dos nociones, me inclino, por estilo, hacia la segunda.
abrazo
Amalia:
Cuando escribes de esa manera haces que las líneas se abran. Ya te he dicho lo mucho que consuena tu tono y tu mirada. Para mi está muy claro. Es tu prosa la que me resulta transparente y tan rica. Me llena mucho esta escritura, me contiene este tono, me llena de contento, de contenido. Y abre líneas que se ponen en juego con la experiencia misma. Lo celebro mucho, y te leo silencioso.
Saludos afectuosos
Gracias, Naxos, te leo en silencio también...
cariños
Cuando requería la clarificación de la 'expresión', pensaba en un poema de Gottfried Benn intitulado 'Satzbau' (sintaxis), en una larga cuestión:
«¿Por qué expresamos algo? ¿Por qué rimamos o dibujamos una muchacha del natural o de un espejo o garabateamos en un trozo de papel innumerables plantas, copas de árboles, murallas, estas últimas como gruesas larvas con cabeza de tortuga arrastrándose aterradoramente diminutas en un orden determinado? ¡Cuestión aplastante y sin respuesta!».
abrazo
j
tienes razón, sólo inventé una respuesta...
que en verdad no existe
abrazo
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