Las medias cubren sus rodillas
Tumbada palpando lo que alguna vez fue barro
Las voces han quedado lejos, en su cabeza
Toda voz se pierde en el propio eco.
Penetra sus dedos por una grieta en el suelo
Ella siempre busca tesoros
Alguien habrá de olvidarlos
Alguien que no es ella, que no es otro
Se cobija en sus costillas
Donde han nacido los hombres,
Extraño género que se deshilacha al tacto,
Pedazo de cera que su vientre hirviendo vuelve fluido.
Ata los cabos de una cuerda
La amarra más abajo de su cintura
Busca la humedad en los labios
Ásperos de sus propias grietas.
Desciende al lugar en que los hombres se queman
Los encajes de las medias se rasgan al roce
Vuelto arcilla el silencio sabe amarla
La niebla cierra sus párpados.
Se recoge entre sus dedos
Hecha la vida
El puño aprieta.
Los encajes del silencio
Poética del archipiélago
Los invito a visitar la página poética del archipiélago. Se trata de un blog que propone la reflexión crítica sobre arte, literatura, música y cine.
Además recomiendo la lectura de la última entrada, escrita por Ignacio Soto.
Persigues la sombra. Te dejan plantada en la heladería y pides cuatro veces el mismo sabor, creyendo que el siguiente helado será nuevamente el primero.
Andrógino
Amalia
Despegando a las
4:24 PM
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entre Bowie y los perros,
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Poética del archipiélago
Presento este blog que recién asoma la nariz...
Espero que lo disfruten.
Poética del Archipiélago
Andrógino
Amalia
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1:13 PM
psicótropos
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Baila Henry Lee
La chica se pone sus zapatillas rojas. Sus dedos acarician una cortina, la corre y tras ella la mujer ajada, la niña. La inocencia es perversión cuando no hay modo de zafarse las zapatillas. La chica se mueve como si fuera su sombra la que baila, como si el espantapájaros observara fijamente su trance. Es imposible detenerse, la paz es el vacío de lo que vive. Las zapatillas brincan y ella se embarca en el cimbrado de las penumbras. Sólo un destello, «es el blanco en tus ojos» lo que perturba al asesino, es el blanco del muro mortuorio.
Ella se desliza cortando el viento con el mismo cuchillo que él utilizará para abrir la carne hasta los huesos. -Nunca digas víctima- el murmura. -Cada cuerpo es mi cómplice. La muerte es la única compañía que no me abandonará-. Mientras ella contempla las plantas del ventanal, dice para sí -me encantan las espinas sin rosa-; él, adivinando la mudez, deja la flor sobre el cadáver.
Ella se desliza cortando el viento con el mismo cuchillo que él utilizará para abrir la carne hasta los huesos. -Nunca digas víctima- el murmura. -Cada cuerpo es mi cómplice. La muerte es la única compañía que no me abandonará-. Mientras ella contempla las plantas del ventanal, dice para sí -me encantan las espinas sin rosa-; él, adivinando la mudez, deja la flor sobre el cadáver.
Andrógino
Amalia
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7:40 PM
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No soy yo soy yo
El sexo estalla en la oscuridad, el fuego no nos pertenece. Y dejamos las pistolas sobre la cama, mas el espíritu insiste en jugar a las trincheras. “Sal de ahí chivita, chivita, sal de ahí, de ese lugar...” ¿Vamos a buscar al lobo?




