Nada es más...

...

Noche de esquinas. Tu aliento en la boca del ladrón. La lengua sobre mi tumba.
Muero de oír lo que me llama.

He de ser la que hunde y engulle, sorda de miedo a los labios que pronuncian mi nombre.

Trepar desnudos
Nuestro el desamparo
Adonde otros mueren escapas


Me robas me embistes


El vendaval arrastra la sangre abrigando las calles la lengua calando los labios


Y mudos los dos

Pizarnik




Cubres con un canto la hendidura.
Creces en la oscuridad como una ahogada.
Oh cubre con más cantos la fisura, la
hendidura, la desgarradura.


Alejandra Pizarnik

algo

El sexo estalla en la oscuridad, el fuego no nos pertenece. Y dejamos las pistolas sobre la cama, mas el espíritu insiste en jugar a las trincheras. "Sal de ahí chivita, chivita, sal de ahí, de ese lugar..." ¿Vamos a buscar al lobo?

Papeles

La hoja se humedece. El eco de las palabras aún no pronunciadas. Tú y yo a dos metros distantes de ti y de mí.

Nos sumergimos en el río del olvido, aquel que ya no tiene nombre.

Santiago, 2:51 AM, seis minutos adelantado el reloj, Chile

Agunas consideraciones acerca de Montaigne

Los ensayos dibujan a este hombre. Él ha hecho de las anécdotas su propia experiencia y al narrarlas dice de sí lo que otros han dicho. Teje y desteje su memoria, con retazos de género elabora los vestidos que en un momento le acomodan y más tarde ya no. Michel de Montaigne conversa con las historias, las cuenta transformándolas en el gesto fuerte y certero con que imprime su voz para escucharse. En el gesto de elegir a otros se elige a sí mismo, y camina tambaléandose por el sendero más difícil: el de la mesura. Los extremos sirven para contener, más en el camino del medio se esculpe y realiza lo que él es. Las digresiones que lo asaltan a cada instante son parte de esa libre búsqueda de experiencias, de maneras de narrarse y de otorgarle sentido a lo que de otra forma carecería de ello por ser una aseveración dogmática. El dogmatismo no da sentido, puesto que es imposible ser fiel desde lo más íntimo a la creencia que implica dar autoridad a algo ajeno a nosotros mismos, a confiar en algo extrínseco a nuestras vivencias. Montaigne vive de acuerdo a lo que se manifiesta y hacia eso se inclina, no obstante que para rescatarlo debe dejar bastante en la sombra, aunque sea por un momento.

Sobre la servidumbre voluntaria - Étienne de La Boétie

............... No es bueno el gobierno de muchos: uno solo el caudillo supremo y soberano de todos sea.

Eso dice Ulises en Homero hablando en público. Si se limitara a decir:

No es bueno el gobierno de muchos:hubiera felizmente expresado su concepto; pero al conceder que el dominio de muchos dado que el de uno solo no era bueno, era duro e irracional desde el instante que se revestía del título de soberano parece contradictorio el añadir:Que uno solo el caudillo supremo y soberano de todos sea.
Sin embargo, puede excusarse este lenguaje en Ulises si se atiende a la necesidad que tuvo de usarlo creo, para apaciguar las disensiones del ejército: sus discursos eran más bien efecto de las circunstancias que de la convicción; pues hablando con imparcialidad, siempre es una fatalidad tener que estar sujeto a un dueño, cuya bondad no ofrece más garantías que su capricho: y el depender de muchos es tener que sobrellevar otras tantas desgracias. Prescindamos por ahora de entrar a debatir la intrincada cuestión de si las demás formas de república son preferibles a una monarquía; en este caso, debiera tratarse como preliminar qué categoría debe tener la monarquía entre las repúblicas si es que ha de tener alguna; pues la razón se resiste a creer que haya cosa "pública" en un gobierno que depende exclusivamente de una sola y absoluta voluntad. Pero esta discusión queda para otro punto y requiere un tratado particular, o más bien traería todas las disputas políticas. De lo que aquí se trata es de averiguar cómo tantos hombres, tantas ciudades y tantas naciones se sujetan a veces al yugo de un solo tirano, que no tiene mas poder que el que le quieren dar; que sólo puede molestarles mientras quieran soportarlo; que sólo sabe dañarles cuando prefieren sufrirlo que contradecirle. Cosa admirable y dolorosa es, aunque harto común, ver a un millón de millones de hombres servir miserablemente y doblar la cerviz bajo el yugo, sin que una gran fuerza se lo imponga, y si solo alucinados al parecer por el nombre Uno , cuyo poder ni debería ser temible por ser de uno solo, ni apreciables sus cualidades por ser inhumano y cruel. Tal es empero la debilidad de los hombres que algunas veces es preciso el ceder a la fuerza, necesario el contemporizar en otras; no siempre podemos ser los mas fuertes. Así, cuando una nación se ve obligada por la fuerza de las armas a servir a Uno, como la ciudad de Atenas a los Treinta tiranos, no debe admirarnos su servidumbre, antes bien debemos lamentarnos del fatal accidente que la ha causado; y aún será mejor ni sorprendernos ni lamentarnos, sino tomarlo con resignación y prepararse para mejorar de fortuna en el porvenir. Nuestra naturaleza es tal que frecuentemente sacrificamos con gusto una buena parte de nuestra vida en los deberes recíprocos de la amistad; amar la virtud, apreciar los nobles hechos, manifestarnos reconocidos a la mano que nos ha dispensado bienes, y privarnos hasta de nuestros placeres para aumentar la gloria y progresos de aquellas personas que se han hecho acreedoras a nuestro aprecio, es correspondencia tan justa como arreglada a la razón. Con todo, cuando un pais tenga la dicha de poseer un gran hombre que se haya distinguido por su previsión en conservarlo, por su intrepidez en defenderlo y por su sabiduría en gobernarlo, no me atrevo a considerar prudente lanzarse a su obediencia y entregarse ciegamente a su dominio, quitándole de un lugar donde brillaba por sus virtudes, para elevarle a un puesto donde pueda obrar mal.

La última canción

Su fantasma se yergue más abajo de mi cintura, me penetra con su frío metálico. Atraviesa mi boca una lengua incandescente y me voy hundiendo en el silencio nocturno. Mientras las ráfagas saladas azotan las venas, arrancas mi carne a mordiscos. Me sueltas entre las bestias, y ahí estoy desnuda, congelada, con la boca rota y sin poder pronunciar una palabra en mi defensa.