Qué es la madrugada si no un vaticinio. Qué es la mañana cuando le cubro el rostro. Qué son las tardes cuando me falla la voz. Y la noche ¿qué más da si existe la noche?
Extranjeros se apropian de la página siguiente. En ella una embarcación oxidada y una tripulación fantasma. A tientas por las habitaciones descubro al hombre tuerto. Tras el ojo de vidrio se deslizan los extranjeros al puerto.
Es madrugada, las mujeres bajan.
El cristal empañado, la niebla arropa a las sombras. Te remontas a una niñez con olor a pescado. La mañana baña a los huérfanos entre sus brazos. El oleaje les cala los huesos.
Crecerán. La tarde atravesará sus ojos. El pestañeo del tuerto me deja verlos volver. Los hombres bajan.
La noche entre pieles ajenas. Cierro los ojos. Sentada en el parque ausculto las hojas y su vaivén a contraluz. Como un barco fantasma.





